Visité por fin el Museo del Noreste (MUNE), inaugurado hace algunos meses, en Monterrey.
Aquí mis primeras impresiones:
• El museo no es arquitectónicamente la octava maravilla, pero es una construcción que sí llama la atención y que en lo personal, me gusta. Por lo demás, es un espacio amplio, funcional y con algunos detalles físicos dignos de fotografía. Las fotografías y videos, sin embargo, no se permiten en ninguna parte dentro del recinto.
• Muy acertada la propuesta de identificar a los norestenses a partir de una cuestión geográfica, porque en efecto es de entrada la geografía la que nos une y nos identifica a los habitantes de Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas y Texas, sin falla, ni reticencia alguna.
• Entiendo que uno de los propósitos del museo, más que explicar, es crear una sensación de identidad actual, viva y presente entre los cuatro Estados, pero pienso que es desafortunado soslayar que existe una identidad norestense históricamente distinta de la actual conformación territorial de cada uno de los estados mencionados y que va más allá del interactuar económico que tanto se resalta en el museo.
• Creo que es importante no perder de vista que la conformación actual del territorio de los cuatro Estados, no es la misma de hace doscientos cincuenta años, cuando la identidad norestense empezó a forjarse, por lo que si bien, referirse al actual territorio político de los Estados, es útil para delimitar una identidad geográfica actual, no lo es necesariamente para sostener la existencia de una auténtica identidad cultural entre los Estados, y ni siquiera en lo interior de cada uno de ellos.
• Por ejemplo, La Laguna, o específicamente Torreón, con apenas un poco más de un siglo de historia reciente, no necesariamente guarda muchos rasgos de identidad cultural con la zona norte de Coahuila, o de Nuevo León ,o de Tamaulipas, aledaña al Río Grande. Si analizamos el desarrollo histórico de una y otra región, nos daremos cuenta de que existen más lazos de identidad cultural entre un habitante, por ejemplo, de Villa Unión, Coahuila, con uno de Nuevo Laredo, Tamaulipas, o de Anáhuac, Nuevo León, o de San Antonio, Texas, que con uno de Torreón, pese a que son localidades del mismo Estado. E igualmente, un lagunero auténtico, se identificará más con un habitante de Zacatecas o de Chihuahua, que con uno de Saltillo o de Piedras Negras, o de Monterrey.
• Me es suficiente para decir lo anterior, recordar que ya para 1750, el norte del Coahuila actual, estaba siendo explorado y colonizado, a la par que el norte de Nuevo León, el de Tamaulipas y el sur-sureste de Texas, mediante la fundación de pueblos que hasta la fecha subsisten; y además, existía ya relación o comunicación entre estos pueblos que se estaban fundando. Y desde entonces empezó a forjarse una identidad cultural en esa zona, auténticamente norestense. En cambio, había poca relación entre esa zona y lo que actualmente conocemos como la Laguna, donde fuera de Viseca, no había mayor población con cual integrarse o relacionarse.
• Por otro lado, en lo personal, creo que la relación cultural e histórica que puede considerarse relevante para crear una identidad entre el noreste de México y Texas, tampoco involucra a todo el territorio texano, como en el MUNE pretende hacerse ver, porque también en el caso de Texas, no todo su territorio actual, corresponde a lo que fue la Tejas española, con la que el norte de Coahuila, particularmente, ha interactuado desde mediados del siglo XVIII.
• Asimismo, creo que falta mucho por decir sobre los elementos humanos que nos identifican como norestenses, históricamente y en la actualidad; elementos que sean propiamente culturales y no necesariamente económicos: el habla, la vestimenta, los alimentos, las tradiciones, la música. En el museo se dedicó gran parte del espacio a hablar de interacción económica y política: el ferrocarril, la guerra, el comercio. Pero se dedicó muy poco espacio a hablar del hombre y la mujer norestense como tales y no a partir del arquetipo piporresco. Es decir, en el museo abunda la visión política y económica de la integración norestense, y falta mucho por decir sobre la visión humana y auténticamente cultural de esa integración; una visión que vaya más allá del trabajo, de la lucha social, del intercambio demográfico y económico. Hace falta hablar de nosotros como humanos que se divierten, que hablan, que piensan, que cantan, que se visten con ciertos rasgos afines y que también, por esas situaciones más propias de un humano, nos identificamos.
Estas son sólo algunas de mis impresiones. En lo general, creo que el museo es un espacio necesario para consolidar culturalmente nuestra región común: la norestense. Es bueno que se busque sostener una identidad actual, basada en la conformación territorial de hoy de Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas y Texas; pero creo también, que todavía se puede hacer mucho más para reafirmar que más allá de la identidad geográfica, o económica, existe una verdadera identidad humana, de tradición, música, baile, arquitectura, habla y alimentación, que no necesariamente comprende todo el territorio de esos estados. Cuando el museo ponga atención en esto, a más de ser un espacio necesario, será también un espacio digno para dar a conocer nuestra región y nuestra verdadera identidad.
¡Y que viva el noreste, sí señor!