Por mi raza hablará el Piporro

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La princesa y el rey.

In De aquí y de allá on octubre 16, 2010 at 12:01 pm

Érase que se era en un reino de alguna vez, una princesa y un rey.

Como si fuera en carroza de oro paseaba aquella princesa

En los brazos del rey, su padre, con soberana altiveza .

Y en las noches de frío e insomnio, siendo princesa bebé

El rey le arrullaba cantándole el Corrido de Monterrey.

A veces, fieros lobos y dragones al paso suyo salían

Y con la ayuda de las hadas, princesa y rey los vencían.

Contentos de ser familia, contentos de hacer memorias,

Sin colorín colorado que perturbe sus historias,

Van el rey y la princesa de la mano, por su reino

En un cuento que no acaba, porque su amor es eterno.

Princesa Miranda Sofía, que cumple sus 4 años,  por cierto.

 

¡Que Dios nos bendiga siempre, querida hija!

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Los festejos del Bicentenario

In De aquí y de allá on agosto 5, 2010 at 3:47 pm

Hay en las carreteras de Texas, en la mayoría, en cualquier punto, al pie de un árbol, al lado de una banca o cerca, junto a una construcción en ruinas, un panteón o una antigua Casa de Corte; en fin, en muchos puntos, unas pequeñas placas niqueladas con fondo negro, colocadas sobre una base tubular como la de cualquier otro anuncio de carretera.

Si uno se detiene, encontrará que en la placa se describe un hecho de importancia histórica, o se pondera la trascendencia de aquel sitio por haberse desarrollado en él cierto hecho determinante del presente tejano. Son los llamados Texas History Markers.

Un típico marcador histórico en Texas.

Se instalan por (o con la anuencia de) la Comisión Histórica de Texas y, dependiendo del diseño, tamaño o material con que se elaboren, tienen un valor de  entre $300 y $1,500 dólares. Hay más de 1000 de ellos en todo el territorio texano.

Más allá de lo que cuesten, su valor está en lo que contienen y representan: identifican un sitio histórico, un edificio o hasta un árbol y lo explican a quien se detenga a conocerlo, dando así al viajero la oportunidad de saber, como diría el eslogan de cierto canal de televisión, dónde está parado.

Mucho se habla hoy de la opacidad de los festejos del Bicentenario de la Independencia de México y más aun del centenario de la Revolución. Mucho se dice de la falta de planeación y organización de los mismos, de la falta de visión de los organizadores, que a su vez, se quejan uno tras otro de la falta de recursos.

Ignoro cuánto, por ejemplo, se han gastado en la instalación sin ton ni son de la infinidad de anuncios en las carreteras del Noreste para la dichosa Ruta 2010. Sé, sin embargo, que fuera de indicar el rumbo y nombre de una ciudad o pueblo, tales anuncios no aportan más nada. Debiera llamarse entonces Destino 2010 y no ruta, pues se limita a decirte a dónde vas cuando tú ya lo sabes, y no te dicen por dónde, ni mucho menos porqué aquel sitio es de importancia histórica, a menos que previamente lo consultes en la confusa página de los festejos del Bicentenario.

Igual se ubican en la entrada a un pueblo que en la salida, que sobre carreteras con trazos con antigüedad menor a los 10 años, que en sitios de los que uno no sabe más que el nombre y de los que uno se tiene que quedar con las ganas de saber qué fue lo que ahí pasó, o por quién, cómo cuándo y por qué.

La ruta que lleva a cualquier parte sin explicar porqué.

Mucho se habla hoy también, en las grandes ciudades y aun en los pequeños pueblos, de construir plazas conmemorativas o enormes y modernos monumentos para rememorar aquellas gestas que nos constituyeron como la nación que hoy somos; construcciones de vanguardia arquitectónica, con pretensiones de originalidad. Entiendo, claro, que la tendencia es ver hacia el futuro, dejar constancia de nuestra modernidad, en justa conmemoración de lo que 100 ó 200 años después de aquellos días difíciles, hemos logrado.

Pero ante la falta de recursos y de ideas, la mejor fórmula de festejo era la más sencilla: recordar y recuperar la identidad de aquellos sitios que hasta ahora sólo conocemos –a lo mucho- en los libros, si es que somos dados a la lectura, o establecer un simple marcador que nos permita saber no el nombre de la ciudad a la que vamos, sino como dije antes: dónde estamos parados, el porqué de este edificio, quién contra quién en aquel valle, cómo, cuándo y a quién en aquella loma, lugares que aparecerían nuevos ante nuestros ojos pero que siempre han estado ahí, esperando a ser revalorados y redescubiertos.

La fórmula de los Texas History Markers era una buena idea que debimos copiar. Nuestros festejos quizás habrían sido igual de deslucidos, pero al menos habrían aportado algo a la cultura general y al conocimiento de las actuales generaciones.

Los anuncios de la Ruta 2010 seguramente desaparecerán por completo de las carreteras en un par de años. Los verdaderos sitios históricos que hasta ahora nos siguen siendo desconocidos, probablemente todavía permanezcan ahí. Esperemos que dentro de 50 años más, a alguien se le ocurra ser menos original en los festejos.

Regina

In De aquí y de allá on junio 25, 2010 at 7:50 am

Naciste un día como hoy con un par de dientes, lista para sonreír. 2 años después, sigues sonriendo y yo -padre presuntuoso- sigo contando tu hazaña.

Regina, sonrisa eterna: eres la alegría perpetua que no me canso de admirar.

¡Que Dios te cuide siempre!

(Y, por lo pronto, te dedico un poema)

Asado de puerco, como en el rancho

In De aquí y de allá on junio 22, 2010 at 10:17 am

¿Cuánto tiempo hace que no voy a una boda en un rancho? No sé. Pero espero ir pronto, mi antojo de asado de puerco con arroz colorado cada vez es más fuerte y hasta ahora ni he encontrado ningún restaurante donde lo preparen igual, con esa sazón y ese saborcito a laurel y a ahumado.

Si alguien sabe de uno, o de plano es tan valiente que piensa casarse pronto (y servir asado), no duden en avisarme. Pagaré el favor con una botella de mezcal del Tinieblo, Tamaulipas (con asado es buena combinación).

¡Hasta luego!

Carlos Monsiváis

In De aquí y de allá on junio 21, 2010 at 11:13 am

No diré mucho y quizás obviaré: era la conciencia pública más digna de este país.

Descansa, Carlos. Un beso.