Por mi raza hablará el Piporro

Archive for the ‘Norestense’ Category

El oso de MARCO

In Monterrey on abril 21, 2008 at 9:48 pm

 marco011_largeParece que tiene agua, ¿verdad? Le dije a mi amigo mientras veía el brillante mármol del patio central del museo de arte contemporáneo en Monterrey.

, contestó él. Y ufanos de nuestra opinión seguimos caminando.

Y en efecto, tenía agua, porque ese patio central, es una fuente. Pero no lo supe hasta que, confiado, di el siguiente paso y escuché el chacualazo.

Y ahí estaba yo. Con el agua hasta los tobillos, haciendo el peor oso de los últimos años, en pleno museo de arte contemporáneo.

Hasta luego!

4-4-4

In Coahuila on abril 4, 2008 at 8:13 pm

Era un Domingo de Ramos, 4 de abril de 2004. Llamé desde Reynosa varias veces a casa de mamá, en Zaragoza, Coahuila. No me contestó. Lo intenté toda la mañana y fue hasta entrada la tarde, cuando por fin atendió al teléfono. 

Es que se crecieron los ríos – me dijo-, y andábamos viendo como venía el agua.

– Llovió bien poquito, pero el escondido ya brincó el puente, y el San Antonio se llevó el puente y la carretera. Llevaba también vacas, caballos, chivas, postes, nogales y hasta encinos. Está muy feo, hasta zumba el agua, como si estuviera tronando el cielo dijo sorprendida. Y yo la regañé. Le sugerí no acercarse otra vez a los ríos, ni siquiera por curiosidad.

Al día siguiente me marcó temprano. Acá todo está muy triste… No hay paso ni para Allende ni para Acuña, el pueblo está bloqueado. Pero en la Villa les fue peor, dicen que hubo muchos muertos y heridos.

De inmediato prendí el televisor, pero en las noticias nacionales no se decía nada. Como en un estado de negación, yo pensé que aquello no era posible. Simplemente –pensé- el río no puede desbordarse en la Villa, porque la Villa está en alto. Además, cuando uno pasa por el boulevard que va de la Villa a Piedras Negras, se ve que el río va en una cañada, allá al fondo, fácil a unos veinte o treinta metros de profundidad y con más de cien metros de ancho. ¿Cómo iba yo a creer que el río creciera tanto como para salirse de ese cauce y llegar a las casas de la Villa? De ser así -seguía pensando-, a lo mucho afectaría a las casitas cercanas al río. No creo que haya llegado el agua siquiera a la iglesia – me convencí.

Como quiera, llegando al trabajo, traté de buscar notas en Internet, y apenas empezaba a correr la información. Sí había una inundación, pero todo era contradictorio, se hablaba de unos cuantos heridos y unos cuantos desaparecidos. En cambio, una estación de radio local de Piedras Negras que transmitía por Internet, ni siquiera tenía pautas comerciales. Todo era noticia, voces de desolación que hablaban de centenares de desaparecidos, casas derrumbadas, autobuses tragados por el río y todo centrado en la Villa de Fuente.

Pero yo seguía incrédulo, pensaba que aquello era sólo sensacionalismo mediático. De todos modos, ese mismo día lunes, empecé a planear mi viaje a Coahuila. En la Villa tenía yo un amigo cercano y, aunque tenía tiempo de no hablarle ni verlo, me pareció que era un buen momento para visitarlo, saber al menos, si todo estaba bien, aunque pensaba que su casa, lejana al río, no se habría afectado.

Con el paso de los días, todo se confirmó. Aquello había sido fuerte, pero aun no tenía una perspectiva real de lo acontecido.

El miércoles siguiente llegué temprano desde Reynosa a Piedras Negras. Manejé desde el entronque de la carretera a Laredo y la que va a Monclova, pasando por la colonia San Joaquín. El día era también nublado, pero yo no veía nada extraordinario. El paso ni siquiera estaba cerrado todavía, así que puede llegar en mi coche hasta la primera curva de la acequia de la villa. A partir de ahí, todo cambió.

Nunca había pensado que era cierto eso que dicen algunos de que la muerte se huele, pero ahí lo aprendí. Ahí olía a muerte, no a muerto, sino a muerte. El ambiente era denso, oscuro, frío, húmedo, y esa misma sensación se respiraba, flotaba en el aire y se sentía pesada en los pulmones. Aquello parecía un territorio de guerra. Casas, árboles, bardas tiradas como por una bomba. Coches, roperos, camas en las copas de los árboles que quedaban en pie.

Aquel lugar olía a muerte, se sentía la muerte, se sentía la tristeza en todas partes de sólo ver las cosas, ni siquiera las personas, sino las cosas. Y la piel se erizaba. Se sentían escalofríos que recorrían el cuerpo y a mí se me hizo un nudo en la garganta. Ahí, metros antes de cruzar los rieles, me detuve. No pude manejar más. Aun a días después de pasada aquella inundación, el panorama aún era desolador y angustiante, y lo era para mí, que ni siquiera lo había vivido.

Aún faltaba mucho por llegar al punto en el que –según yo en mi incredulidad anterior- podía haber hecho el río su mayor afectación, pero ya no seguí. Desde ahí, desde la entrada de la Villa, puede ver claramente que la casa de mi amigo, ya no estaba. Desapareció, fue arrastrada por las aguas que mi mamá vio pasar por Zaragoza en la mañana, y que llegaron furiosas a la Villa de Fuente, en la noche, aquel fatídico día Domingo de Ramos, 4 de abril de 2004.

El mundo amaneció al revés

In Monterrey on marzo 13, 2008 at 11:13 pm

Voy por Paseo de Leones, en Monterrey y veo algo distinto: hay cónclave de los seres más coloridos de la naturaleza sobre la avenida. Es una fiesta de amarillas abejas, mariposas multicolores, cantantes pajarillos, fieros tigres, reyes leones, afelpados osos y pareciera que todos los animales de la tierra se han dado cita en el mismo lugar.

Este día el mundo amaneció al revés. La avenida, que usualmente es desbocado río de autos a grandes velocidades, es ahora un desfile de sonrisas y cantos y saludos. Los conductores se detienen y saludan a los paseantes de un tren adornado con flores. También me detengo yo. 

Es la fiesta de la primavera celebrada por los niños. Es la fiesta de los niños, celebrada por la vida.

Ojalá que la fiesta de la primavera dure por siempre, aunque la primavera acabe y llegue otra vez el invierno. Ojalá que los niños siempre la festejen. Ojalá que la vida tenga siempre a los niños y a la primavera.

Continúo manejando por Paseo de los Leones,  y me voy pensado si acaso el mundo amaneció al revés. No lo sé… Pero creo que así debería amanecer siempre.

La canción cardenche

In Coahuila, La Laguna, Música on marzo 5, 2008 at 11:10 pm

Siempre he dicho que La Laguna no es Coahuila, ni Coahuila es La Laguna.

Para bien o para mal, la nombrada comarca lagunera ha tenido siempre sus propias tendencias en lo cultural, lo político, lo económico y en general lo social; tendencias que no siempre coinciden con las del resto del territorio de Coahuila y que la distinguen no sólo desde la perspectiva de lo local, sino incluso en el ámbito nacional e internacional.

En una de las muestras más notorias y distintivas del singular desarrollo cultural de aquella querida región, encontramos el género musical denominado «canción Cardenche».

Género de canciones sin música, pero de letras muy sentidas, que van de lo pícaro a lo romántico y de voces con profunda nostalgia rural o campesina. Género que se volvió común en una época pre-revolucionaria, en lugares como Sapioriz, Durango, o en Flor de Jimulco, Coahuila, en el corazón rústico de la Comarca Lagunera.

Canciones nocturnas y aguardientosas. Canciones de un género que es típica y auténticamente lagunero y que, pese a su aislamiento y aparente extinción, iguala en su valor cultural, o acaso supera, al corrido, a la polka, al chotiz, o la redoba norestense.

La Laguna no es Coahuila, ni Coahuila es la Laguna, y por ende, tampoco es norestense, aunque en este caso, es una pena que así sea. Porque el orgullo de la canción cardenche, le sentaría muy bien a todo el noreste de México.

Todo este rollo viene al caso, luego de encontrar en Youtube este video, en el que alguien tuvo el buen tino de documentar de voz de algunos auténticos cardencheros su descripción del género cardenche, y su entonación de algunas canciones. Espero lo disfruten.