Por mi raza hablará el Piporro

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El Río Fiera, Bramaba | A 100 años de una inundación de Monterrey

In Monterrey on agosto 27, 2009 at 3:07 pm
Monterrey 1909

Monterrey 1909

Entre 3 mil y 5 mil personas se calcula que murieron entre  27 y 28 de agosto de 1909, en lo que hoy es la ciudad de Monterrey.

Lluvias torrenciales desbordaron por enésima vez el Santa Catarina y el cauce embravecido arrasó con parte de la ciudad del mismo nombre y las colonias Independencia y centro de Monterrey. Se dice que el cauce desbordado, abarcó hasta la zona de Gonzalitos y de ancho desde la calle Hidalgo hasta el punto donde hoy se encuentra la basílica de Guadalupe.

Igualmente arrazó con instalaciones industriales como las de La Fama y Fundidora y de hecho se estima que gran parte de la actual zona aledaña al cause del Santa Catarina, está fincada sobre el sedimento arrojado por aquel desbordamiento.
«El Río Fiera, Bramaba: 1909», es el título de un libro que da cuenta del acontecimiento y cuya reedición será presentada hoy, a las 20:00 horas, en el antiguo Colegio Civil de Monterrey. El solo título dice mucho de la ferocidad del embate, y me hizo recordar aquel día de 2004 en que, hablando con mi madre a mi natal Zargoza, Coahuila, me contó que había ido a ver «crecido» el río San Antonio: «bufaba el agua como animal, que hasta daba miedo», me dijo; y al día siguiente, la noticia fue que esa agua «bufadora» había arrazado con la Villa de Fuente, en Piedras Negras.
La realidad y los planes para el Santa Catarina
La realidad y los planes para el Santa Catarina

De extremos es siempre el clima del noreste. Hoy padecemos la sequía, pero de pronto, otro fenómeno meteorológico nos traerá las inundaciones repentinas y nuestras ciudades, fundadas y crecidas a la margen de los ríos, nunca estarán completamente a salvo. Menos aún cuando no hemos acabado de aprender la lección.

Aun sin ser especialista en esos temas, se puede advertir el caso del Santa Catarina como un buen ejemplo de nuestra propia necedad. Hemos olvidado que es el único drenaje natural de una parte de la Sierra Madre y dejamos de lado que  ésta, por sí misma, es capaz de contener fuertes tempestades, haciendo caer sus aguas en un solo punto en un par de días y arrojarlas -llevándose de paso cualquier obstáculo- hasta su desfogue en el valle de Santa Lucía, como ya pasó en 1909 y en 1988.

Si en aquellos años, el cauce casi limpio del río no soportó tal caudal y llegó a extenderse sobre la ciudad, ¿será posible que hoy, convertido en un canal de estiaje diminuto, pueda manternos a salvo?

3 mil ó 5 mil muertos no son un número conservador, pero aun así, en 1988 hubo entre 100 y 200 muertos más. ¿Cuándo entonces empezaremos a aprender la lección?

Una tarde en Monterrey

In Monterrey on agosto 6, 2009 at 11:00 pm

¿Por qué, Señor, no me hiciste  fotógrafo o poeta?

Si fuera fotógrafo, retrataría esta tarde que me regalas. Si fuera poeta, diría mil y un alegorías de lo que estoy viendo.

Pero no tengo el don de regalar la eternidad, ni tampoco el don de hablar con románticos simbolismos. Soy humano y mortal, escribidor simple de anécdotas y anecdotarios.

Voy por la avenida Constitución, en Monterrey. Tomo la calle de Zuazua. De pronto, tres modelos llaman mi atención. Dos son altas y esbeltas, hermosas de cara y cuerpo, como esas que salen en las revistas. La tercera tiene un plus: además de alta y esbelta, escultural, dirían los poetas, es también de piel negra.

Sigo manejando por la calle de Zuazua, tras esa distracción. Al son del danzón, bailan decenas de parejas bajo el edificio de la presidencia. Un globero, convoca a los niños cerca de la fuente de Neptuno. Algo raro hay en la tarde, que merece un poema.

Ahora vengo de regreso por la calle de Zaragoza. En el semáforo de espaldas de Palacio, me detengo y contemplo el cielo. Algo tiene la tarde que el cielo es más limpio. A mi izquierda se empieza a tornar azul nocturno. A la derecha, es amarillo vainilla. Algo tiene la tarde que es más tarde. Al fondo, veo la loma larga. Y más al fondo, la Sierra Madre. Más verde y oscura que otras tardes. Como recién llovida.

Como no soy poeta, me limito a decir “Es bonito Monterrey. Naturalmente bonito. O sea, que es bonito por naturaleza. No sé cómo explicarlo. Digamos que tiene una ubicación geográfica y natural privilegiada”

Cuando creí que todo había terminado, seguí manejando hacia Calzada del Valle. Por Río Mississipi fui caminando hasta Río Tamazunchale y luego de regreso. El viento sopla suave, oscurece cada vez más. “Es cuanto, Señor”, pienso. Subo de nuevo al coche.

Ahora voy por Morones Prieto y las sorpresas siguen. Tras del Cerro de la Silla, se asoma la luna. Llena y tímida. Presuntuosa, imponente. Luna a la que escriben los poetas y que yo disfruto como mortal simple.

Algo tiene esta tarde que es única. Quisiera, Señor, ser fotógrafo o poeta. Si fuera fotógrafo, le regalaría a esta tarde la eternidad que merece. Si fuera poeta, diría de esta tarde cosas bellas.

Pero no soy lo uno ni lo otro, Señor. Por eso sólo digo «gracias, Dios. Eres el mejor de los escenógrafos.»

Mariachi coyote

In A veces me da por escribir, Monterrey, Nuevo León on marzo 2, 2009 at 1:41 pm

11 de la noche, Monterrey, Nuevo León. Balcón de mi casa al pie de las Mitras. Los vecinos duermen, la luna ilumina tímidamente el filón de la cima. Me fumo un cigarro, me tomo un tequila y de pronto llega de allá de lo lejos un aullido largo, que corta el silencio, la monotonía.

Un aullido largo, largo, de un coyote viejo seguido por su jauría. El coyote aúlla y la jauría ladra, con ese ladrar agudo de hembra coyote, o de coyote cría.

11 de la noche. Monterrey, Nuevo León. Balcón de mi casa al pie de las Mitras. Me fumo un cigarro, me tomo un tequila. Y un mariachi cánido me trae serenata con canciones tristes, de melancolía.

Mariachi coyote, que bajó cantando de allá de las Mitras.

EuK
Mty, N.L. Tiempo de frío de 2009.

Lo de ayer en Monterrey

In Monterrey, Nuevo León on febrero 11, 2009 at 1:29 pm

Lo de ayer en Monterrey no estuvo bien, sea cual sea el lado por el que uno quiera verlo. Y al final, creo que todos podemos saber o, si se quiere, al menos imaginar cuál es la verdadera causa de esos hechos.

Pero de todos modos, por si alguien hay que se haya creído el cuento de estos muchachos, ahí van mis impresiones:

• Un movimiento social difícilmente puede ser calificado por todo su conjunto, pero siempre podrá ser calificado a través de su líder. Los bloqueos de estos días simplemente no tuvieron líder visible alguno. No hubo quien diera la cara, quien justificara la acción, quien se mostrara responsable. Y esto es la más clara evidencia que el movimiento no puede tener como origen una buena intención. El que nada debe, nada teme, y por tanto, no se esconde.

• Por esa misma razón, los jóvenes que se involucraron en ese movimiento, debieran estar concientes (si es que algo de conciencia social tienen y no sólo los mueve el ánimo del desmadre y la pachequez), que no les conviene involucrarse con gente que no dará la cara por ellos a la hora de los trancazos.

• Alguien que se fuma un cigarrillo de marihuana abiertamente, mientras bloquea la vialidad en Constitución o Gonzalitos-Fidel Velázquez en horas pico; que además, con una especie de «dolo eventual», daña vehículos de ciudadanos inocentes, roba sin vergüenza alguna a repartidores de comida, ofende deliberadamente a quien se atreve a cuestionarlo; no tiene ninguna autoridad moral para exigir un «nuevo orden» en el combate a la delincuencia. Y no la tiene porque su misma acción delincuencial, le descalifica y deja en claro su desprecio a los intereses colectivos, y hacia el valor de ciertas luchas que la sociedad y las autoridades (especialmente el ejército), asumen más allá de la simple diversión, aun con costo de vidas humanas.

• Es cierto que el ejército ha incurrido en excesos, no sé si en este estado, pero sí en otros. Mas alguien que enfrenta a la autoridad con pedradas, y que somete a la ciudad al desorden y al caos vial, que corta vialidades, que incomunica zonas neurálgicas de la urbe, tampoco tiene calidad alguna para exigir que se detengan otras arbitrariedades.

Finalmente, para las autoridades: Sería bueno reconocer que ustedes ayer actuaron de forma tardía y, sobre todo, con una notoria impericia. Y sería bueno recordarles unas palabras: «Si bien la tolerancia no es signo de debilidad, el actuar conforme a derecho tampoco refleja necesariamente capricho, intransigencia. La prudencia es camino aconsejable cuando existe posibilidad de comprensión. La energía, ha de usarse cuando los conflictos se plantean con el deliberado propósito de que se compliquen.»

Ahí se los dejo, y yo me voy a hacer la tarea.

Y también hay motos…

In Monterrey on diciembre 16, 2008 at 2:55 am

La cereza del pastel…

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