Por mi raza hablará el Piporro

Archive for the ‘Norestense’ Category

¡Diles, Eugenio. Diles!

In Tamaulipas on septiembre 24, 2009 at 10:30 am

«Como cada año en el mes de octubre, la sociedad tamaulipeca sale a nuestras plazas, nuestros barrios, nuestros espacios urbanos y culturales a vivir de cerca y a regocijarse con lo más destacado de la cultura universal que se da cita en nuestra tierra para dar paso al Festival Internacional Tamaulipas. Este festival es para los tamaulipecos, una de las manifestaciones más acabadas y significativas de nuestra cultura.»

Con estas palabras, presentó el gobernador Hernández Flores la XI edición del Festival Internacional Tamaulipas. Enseguida, encontramos en el programa de eventos a Amanda Miguel y Diego Verdaguer, al payaso Raymundín, a las muñequitas Mundo de Corazones y otras finuras que -he de decirte, Eugenio-, no son lo más destacado de la cultura universal, ni tampoco -y no me atrevo a interpretarlo literalmente- lo más acabado de nuestra cultura.

¡Congruencia, señores. Congruencia! Así como no todo lo que brilla es oro, no todo lo que entretiene es cultura, ni todo lo que divierte ilustra, nutre, enaltece, dignifica.

¿O cómo la ven, nos quedamos sólo con aquello de que al pueblo, pan y circo?

¡Se vino el otoño, raza, ahí nos vemos!

Tercera llamada, tercera…

In Monterrey on septiembre 23, 2009 at 3:37 pm

Al punto de las 15:10 de ayer, el sonido de un rayo con su resplandor llamó mi atención hacia la ventana. En exacta sincronía,  la grúa que construye un edificio cercano se detuvo y sonó una alarma y los albañiles empezaron a abandonar la construcción.

Enseguida empezó a caer el telón. Un telón de lluvia recia adornada con granizos que fue borrando poco a poco la vista de Monterrey.

Fue así como el verano terminó.

Tercera llamada, tercera. Se levanta el telón y el otoño llegó. Ni siquiera Vivaldi lo habría hecho mejor.

¡Aplausos, hasta mañana!

El Río Fiera, Bramaba | A 100 años de una inundación de Monterrey

In Monterrey on agosto 27, 2009 at 3:07 pm
Monterrey 1909

Monterrey 1909

Entre 3 mil y 5 mil personas se calcula que murieron entre  27 y 28 de agosto de 1909, en lo que hoy es la ciudad de Monterrey.

Lluvias torrenciales desbordaron por enésima vez el Santa Catarina y el cauce embravecido arrasó con parte de la ciudad del mismo nombre y las colonias Independencia y centro de Monterrey. Se dice que el cauce desbordado, abarcó hasta la zona de Gonzalitos y de ancho desde la calle Hidalgo hasta el punto donde hoy se encuentra la basílica de Guadalupe.

Igualmente arrazó con instalaciones industriales como las de La Fama y Fundidora y de hecho se estima que gran parte de la actual zona aledaña al cause del Santa Catarina, está fincada sobre el sedimento arrojado por aquel desbordamiento.
«El Río Fiera, Bramaba: 1909», es el título de un libro que da cuenta del acontecimiento y cuya reedición será presentada hoy, a las 20:00 horas, en el antiguo Colegio Civil de Monterrey. El solo título dice mucho de la ferocidad del embate, y me hizo recordar aquel día de 2004 en que, hablando con mi madre a mi natal Zargoza, Coahuila, me contó que había ido a ver «crecido» el río San Antonio: «bufaba el agua como animal, que hasta daba miedo», me dijo; y al día siguiente, la noticia fue que esa agua «bufadora» había arrazado con la Villa de Fuente, en Piedras Negras.
La realidad y los planes para el Santa Catarina
La realidad y los planes para el Santa Catarina

De extremos es siempre el clima del noreste. Hoy padecemos la sequía, pero de pronto, otro fenómeno meteorológico nos traerá las inundaciones repentinas y nuestras ciudades, fundadas y crecidas a la margen de los ríos, nunca estarán completamente a salvo. Menos aún cuando no hemos acabado de aprender la lección.

Aun sin ser especialista en esos temas, se puede advertir el caso del Santa Catarina como un buen ejemplo de nuestra propia necedad. Hemos olvidado que es el único drenaje natural de una parte de la Sierra Madre y dejamos de lado que  ésta, por sí misma, es capaz de contener fuertes tempestades, haciendo caer sus aguas en un solo punto en un par de días y arrojarlas -llevándose de paso cualquier obstáculo- hasta su desfogue en el valle de Santa Lucía, como ya pasó en 1909 y en 1988.

Si en aquellos años, el cauce casi limpio del río no soportó tal caudal y llegó a extenderse sobre la ciudad, ¿será posible que hoy, convertido en un canal de estiaje diminuto, pueda manternos a salvo?

3 mil ó 5 mil muertos no son un número conservador, pero aun así, en 1988 hubo entre 100 y 200 muertos más. ¿Cuándo entonces empezaremos a aprender la lección?

Huyendo del verano

In Coahuila, Nuevo León on agosto 26, 2009 at 5:14 pm
 

Ayer, cansados del verano nos fuimos a buscar algún vestigio de otoño-invierno. Lo encontramos, obviamente al pie de la Sierra, en el acostumbrado recorrido de Laguna de Sánchez, Nuevo León, a Los Lirios, Coahuila.

Bosque de pinos, 15° Celsius, humedad y una que otra bonita postal, como las de abajo.

Nos leemos luego, raza!

 
Paso de Lobos - Laguna de Sánchez

Paso de Lobos - Laguna de Sánchez

 
Sol poniente

Sol poniente

 

¡Sin albur!

¡Sin albur!

¡Bonito color, eh!

¡Bonito color, eh!

Una tarde en Monterrey

In Monterrey on agosto 6, 2009 at 11:00 pm

¿Por qué, Señor, no me hiciste  fotógrafo o poeta?

Si fuera fotógrafo, retrataría esta tarde que me regalas. Si fuera poeta, diría mil y un alegorías de lo que estoy viendo.

Pero no tengo el don de regalar la eternidad, ni tampoco el don de hablar con románticos simbolismos. Soy humano y mortal, escribidor simple de anécdotas y anecdotarios.

Voy por la avenida Constitución, en Monterrey. Tomo la calle de Zuazua. De pronto, tres modelos llaman mi atención. Dos son altas y esbeltas, hermosas de cara y cuerpo, como esas que salen en las revistas. La tercera tiene un plus: además de alta y esbelta, escultural, dirían los poetas, es también de piel negra.

Sigo manejando por la calle de Zuazua, tras esa distracción. Al son del danzón, bailan decenas de parejas bajo el edificio de la presidencia. Un globero, convoca a los niños cerca de la fuente de Neptuno. Algo raro hay en la tarde, que merece un poema.

Ahora vengo de regreso por la calle de Zaragoza. En el semáforo de espaldas de Palacio, me detengo y contemplo el cielo. Algo tiene la tarde que el cielo es más limpio. A mi izquierda se empieza a tornar azul nocturno. A la derecha, es amarillo vainilla. Algo tiene la tarde que es más tarde. Al fondo, veo la loma larga. Y más al fondo, la Sierra Madre. Más verde y oscura que otras tardes. Como recién llovida.

Como no soy poeta, me limito a decir “Es bonito Monterrey. Naturalmente bonito. O sea, que es bonito por naturaleza. No sé cómo explicarlo. Digamos que tiene una ubicación geográfica y natural privilegiada”

Cuando creí que todo había terminado, seguí manejando hacia Calzada del Valle. Por Río Mississipi fui caminando hasta Río Tamazunchale y luego de regreso. El viento sopla suave, oscurece cada vez más. “Es cuanto, Señor”, pienso. Subo de nuevo al coche.

Ahora voy por Morones Prieto y las sorpresas siguen. Tras del Cerro de la Silla, se asoma la luna. Llena y tímida. Presuntuosa, imponente. Luna a la que escriben los poetas y que yo disfruto como mortal simple.

Algo tiene esta tarde que es única. Quisiera, Señor, ser fotógrafo o poeta. Si fuera fotógrafo, le regalaría a esta tarde la eternidad que merece. Si fuera poeta, diría de esta tarde cosas bellas.

Pero no soy lo uno ni lo otro, Señor. Por eso sólo digo «gracias, Dios. Eres el mejor de los escenógrafos.»