Por mi raza hablará el Piporro

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Más podemos

In Zaragoza on enero 9, 2011 at 10:02 pm

Nos tocó llorar, querido Zaragoza. Nos tocó sumarnos a la lista de los colateralmente dañados en una guerra que ni es nuestra ni es entre nosotros. Nos tocó confirmar de fea forma que los tiempos del país no son los mejores.

Y ni modo de no estar tristes, cuando no es eso lo que merecemos, ni a lo que estamos acostumbrados.

Una familia perdió a su padre, a su esposo, a su hermano. Un pueblo perdió a un alcalde, a un líder, a un profesionista que no se convirtió en político por la circunstancia, sino por su vocación de servicio público, que tuvo claro que para hacer un buen papel, no bastaba con sentarse detrás de un escritorio, sino que había que salir a buscar recursos cuantas veces fuese necesario, a Saltillo, a México, con diputados locales o federales, con el gobernador priísta, con el presidente panista, que supo posicionarse bien para servir a su comunidad, a su pueblo.

Se perdió también a un hombre que supo servir a su partido, a la administración estatal con la que compartió turno, aunque ésta, al final de sus días, estuviese distraída en celebrar otros triunfos, otros logros de otros hombres que no estuvieron al nivel de voltear a verle dígnamente, para reconocer a este buen priísta sus esfuerzos.

Nos tocó perder, querido Zaragoza, pero el hombre que se fue, a más de su legado de obras, nos deja una enseñanza, nos deja delineado claramente el modelo de profesionista, de político, que necesitamos en la alcaldía para seguir adelante.

Descanse en paz.

Ahora la devastación del San Rodrigo…

In Coahuila, Piedras Negras, Zaragoza on noviembre 17, 2010 at 11:49 pm

En la misma dinámica de la entrada anterior, ahora comparemos imágenes de una parte del río San Rodrigo, en Coahuila, desde 1996 hasta 2008.

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La Gran Plaga de Orugas “Carpa del Este”, de los Noventas.

In En aquellos años, Zaragoza on septiembre 24, 2010 at 12:42 pm

Si mal no recuerdo, esto pasó en la primera mitad de la década de los años noventas, del Siglo XX. Un día, empezamos a notar que los morales del pueblo tenían telarañas en las copas.

Una semana después, las moras estaban completamente cubiertas de aquella plaga y lucían prácticamente sin hojas. Otra semana, y aquella tragedia alcanzó también a los nogales.

Fue una temporada difícil, mientras se ensañaba contra el pueblo la sequía, miles o quizás millones de peludos gusanos llegaron para habitar en nuestros árboles, devorando su follaje a velocidad impresionante y cubriendo nuestros patios con una capa de granulillos negros de excremento. A eso se reducían las hojas que nos daban sombra, tras el paso por los intestinos de los voraces visitantes y, por ello, en aquellos años también nos faltó la nuez.

Malacasoma Americanum - Oruga "Carpa del Este".

Mientras los festines y comilonas de los zaragocenses en los patios resultaban imposibles, tanto por la falta de las sombras como por la presencia de aquella lluvia constante de gusanos peludos, o de su excremento, la gente miraba aquello con pesadumbre y resignación.

Aquello se repitió al menos por un par de veranos más, hasta que volvieron las lluvias y de nuevo los inviernos fríos.

Aunque los gusanos (en realidad, orugas de polillas) siguen apareciendo año con año, jamás lo han vuelto a hacer en tal cantidad y desmán como en aquella histórica  Gran Plaga de Orugas “Carpa del Este”, de los Noventas, del Siglo XX.

¿La recuerdan? ¡Comenten, raza! Saludos a todos y a todas mis respetos.

¡Ahí nos vidrios!

En aquellos años…

In En aquellos años on septiembre 10, 2010 at 10:39 pm

En aquellos años no había internet, teníamos nada más radio y televisión. La televisión era blanco y negro, aunque ya había a colores, no nos alcanzaba para una y no tenía caso gastar en ello, al pueblo llegaba sólo una señal, la del canal 2.

En la radio escuchábamos más la AM que FM, y especialmente oíamos 3 estaciones. La Z-R, la Rancherita del Aire y la B X, de Sabinas. En esta última, recuerdo, había un programa infantil para los sábados. Aún recuerdo la voz de una niña anunciando al patrocinador: “Dulcería Bermea…”. Despertar con ese sonido era señal de un día sin kínder ni escuela, un día de felicidad.

En la radio también, parece que era en la Z-R, por ahí a media mañana, sonaba una cancioncita: “Cantad alegres a Dios, habitantes de toda la tierra…” y, enseguida, una voz: “y amado hermano, te saluda tu amigo Yiye Ávila…”.

Yiye Ávila, así se llamaba el hombre de aquella voz. Hablaba como sudamericano, pero tenía el don de la sanación. Lo ejercía a través de la radio y fui testigo de cómo algunas madres de aquella época ponían las manos de sus hijos sobre los aparatos de radio mientras se oían los rezos de aquel predicador. Cosas de fe que en aquel entonces yo veía tan sensatas.

En aquellos años existía también el Carrusel Social, los Cebollazos, El Ojo de Vidrio; la radio llenaba el día entero nuestra casa y seguramente por eso, un día, uno de mis hermanos se volvió locutor.

Fueron bonitos aquellos años ingenuos. Había radio y, a veces, televisión. Lo que nunca nos faltó, fue la felicidad.

El candidato.

In En aquellos años, Zaragoza on septiembre 10, 2010 at 10:23 pm

En aquellos años José López Portillo era presidente de México. Yo no sabía de esas cosas, recién había nacido a finales de los setentas, pero un día llegó a casa una noticia: el candidato visitaría el pueblo.

De la mano de mamá llegué primero a la esquina de Allende y Zaragoza. Apenas alcancé a distinguir entre la multitud un autobús blanco. Luego llegamos a la esquina de Zaragoza y Aldama y –no sé si haya sido mi pensamiento mágico de niño, o si realmente así fueron las cosas-, una voz de mujer empezó a pronunciar un nombre: Miguel de la Madrid Hurtado, Miguel de la Madrid Hurtado, Miguel de la Madrid Hurtado.

Yo nunca vi al candidato, sólo recuerdo que entre la multitud se movía despacio una camioneta parecida a la que en aquellos años usaban los llamados Ángeles Verdes.

Eso fue cuando yo tendría apenas unos 3 o 4 años. Hoy, sé que desde entonces ningún otro candidato presidencial volvió a visitar Zaragoza.

Nos leemos luego, raza. Festejen los bonitos recuerdos que guardan de este país.