Por mi raza hablará el Piporro

La Gran Plaga de Orugas “Carpa del Este”, de los Noventas.

In En aquellos años, Zaragoza on septiembre 24, 2010 at 12:42 pm

Si mal no recuerdo, esto pasó en la primera mitad de la década de los años noventas, del Siglo XX. Un día, empezamos a notar que los morales del pueblo tenían telarañas en las copas.

Una semana después, las moras estaban completamente cubiertas de aquella plaga y lucían prácticamente sin hojas. Otra semana, y aquella tragedia alcanzó también a los nogales.

Fue una temporada difícil, mientras se ensañaba contra el pueblo la sequía, miles o quizás millones de peludos gusanos llegaron para habitar en nuestros árboles, devorando su follaje a velocidad impresionante y cubriendo nuestros patios con una capa de granulillos negros de excremento. A eso se reducían las hojas que nos daban sombra, tras el paso por los intestinos de los voraces visitantes y, por ello, en aquellos años también nos faltó la nuez.

Malacasoma Americanum - Oruga "Carpa del Este".

Mientras los festines y comilonas de los zaragocenses en los patios resultaban imposibles, tanto por la falta de las sombras como por la presencia de aquella lluvia constante de gusanos peludos, o de su excremento, la gente miraba aquello con pesadumbre y resignación.

Aquello se repitió al menos por un par de veranos más, hasta que volvieron las lluvias y de nuevo los inviernos fríos.

Aunque los gusanos (en realidad, orugas de polillas) siguen apareciendo año con año, jamás lo han vuelto a hacer en tal cantidad y desmán como en aquella histórica  Gran Plaga de Orugas “Carpa del Este”, de los Noventas, del Siglo XX.

¿La recuerdan? ¡Comenten, raza! Saludos a todos y a todas mis respetos.

¡Ahí nos vidrios!

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  1. Wow, paisano!!!…por supuesto que he visto esos “gusanos” en los nogales e higueras de Cuatro Ciénegas, pero nunca supe de esa plaga tan cabrona en Zaragoza…pero, ¿sabes que?, con tu nota recordé algo que pasó en Ciénegas que -aunque no tiene relación- por alguna torcedura de mi atrofiado cerebro vino a mi memoria…
    Tendría yo unos 5 ó 6 años, así que debió ser por ai’ del ’70-’71 y se trató de una enfermedad que le daba a los caballos (aunque no de manera exclusiva, según creo; aunque no estoy seguro, creo que era septicemia).
    Recuerdo que mi tío “Nono” (aunque no era abuelo, era tío, je) nos había llevado a todos los primos y primas a nadar al río “Los Mezquites” y, en esas ocasiones durante las vacaciones de verano, yo siempre me aventuraba al monte a “explorar”.
    Total que -solo- y sin que según yo nadie se diera cuenta, me dirigí a la “salina” que había muy cerquita pues, abajo de la costra de sal, había un lodo en el que me gustaba revolcarme (seguro Freud tendría muchas explicaciones para ello, ¿habré sido perro en alguna vida anterior?, seguro…), tanto que regresaba todo embarrado, completamente, y los mayores se enojaban y me regañaban, pero creo que era más por el susto de que me les hubiera “pelado” sin que se dieran cuenta que por el hecho de estar cubierto de lodo de cabeza a pies.
    Pero, en esa ocasión en particular, me detuve antes de entrar a la salina, y la razón fue que, a unos 20 ó 25 metros (supongo ahora por las imágenes en mi memoria) estaba un caballo alazán –yo lo veía enorme- que reparaba y relinchaba y caía y se levantaba -tantas veces que siento que pasó una eternidad- hasta que quedó tirado, casi inmóvil, a no ser por un temblor incontrolable en todo el cuerpo…recuerdo que yo tenía lágrimas en los ojos y quería acercarme y tratar de ayudarlo, pues era evidente que el animal sufría, pero el miedo no me dejaba moverme, ya que había escuchado que los adultos hablaban de la enfermedad que estaba asolando con las “bestias” en toda la comarca y todos decían que se volvían locos del dolor.
    Pues ahí estaba yo, “congelado”, viendo el sufrimiento del animal, sin decidirme a acercarme pero sin atreverme a retirarme y dejarlo morir solo, pues de alguna manera sabía que estaba muriendo… solamente le susurraba “ooohhh, bonito, ooohhhh, bonito…caballo, caballo, bonito, oooohhh”…y “sentía” que me escuchaba y sólo veía sus ojos que me miraban fijamente, mientras todo su cuerpo se agitaba sin control. De pronto, el temblor que dominaba al animal cesó y supe que ya había dejado de sufrir, y recuerdo haber sentido más alivio que pena.
    En ese momento, unas manos tocaron mis hombros y escuché la voz de mi tío Nono que me decía, muy suavemente: “ya fue todo, Quique, ya vámonos”; y en mi fuero interno sabía que el animal me agradecía que lo hubiera acompañado en sus últimos momentos de vida, y era también para mí un alivio que en su mirada ya no se reflejara el dolor que un instante antes lo dominaba.
    Después de eso sólo recuerdo que regresamos al río pero yo ya no quise meterme con las primas y primos a nadar y que durante el regreso a Ciénegas sólo veía los ojos del animal fijos en mí, como suplicando que lo ayudara…
    Lo mejor de toda esta historia es que supe que mi tío sí se había dado cuenta de que me estaba escapando y que no lo había impedido, sino que me había acompañado y había dejado que presenciara todo eso, tal vez mi primer encuentro con la muerte, y no hizo nada por impedir que aprendiera, aunque fuera de esa manera tan extraña, de que en la vida, así como hay un principio, hay un final…
    Saludos y gracias por siempre ayudarme a revivir los recuerdos!!!

  2. Recuerdo esa plaga allá por 1991-1992, en Palaú, Coah. empezó con las moras, siguió con nogales, rosales, ¡hasta a los pinabetes le andaban entrando!. En una visita al Sr. Galindo (+) conocido nogalero de Múzquiz, me recomendó aplicara Parathión a la plaga. Me puse a fumigar mi casa y las de mis vecinos, hasta donde me alcanzó el litro de Parathión, la risa fué que al andar un tanto retirado del barrio, una señora me quería obligar a fumigarle porque “usted es de los que mandó el gobierno a fumigar”, para hacerle entender que ni era del gobierno ni traía veneno, en la que me metí, sólo me quedaba recomendarles que compraran el producto-remedio y yo les prestaría la aspersora.

  3. disculpa sabrás algún método para eliminar la plaga yo tengo nogales y año tras año me dejan viendo estos infelices en menos de 3 meses acaban con mis arboles

  4. No existen productos específicos para esa plaga disponibles en cualquier mercado, hay dos formas de controlarlo: manualmente, removiendo las ramas donde están los nidos antes de que se dispersen por el árbol, lo cual requiere estar muy atento. Y la otra es rociar los nidos con un insecticida común. En ambos casos es necesario treparde al árbol.

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