Por mi raza hablará el Piporro

Pasión

In A veces me da por escribir on marzo 13, 2008 at 11:32 pm

Todos llevamos a cuestas nuestra propia cruz y marchamos en nuestra procesión del silencio. Y todos sufrimos azotes y caminamos descalzos sobre caminos sangrientos. Todos recibimos un día escupitajos, ignominias y golpes bajos; y todos morimos en cruces, mientras otros sonríen al hacernos pedazos.

Pero no todos pedimos al cielo perdón para aquellos quienes nos ofenden, ni todos tenemos la fuerza para resistir airosos los golpes que duelen. No todos tenemos coraje para levantar la cara ante el enemigo; ni todos estamos dispuestos a resucitar gloriosos un santo domingo.

Así, todos caminamos un día nuestra procesión de silencio, y sentimos flagelos ardientes que nos queman por dentro. Pero entre nosotros, son pocos, muy pocos los que encuentran su cielo, porque pocos, muy pocos reconocen la gloria tras el sufrimiento.

Muchos perecen en este camino, llenos de tormentos; y otros deciden dejarlo, pero al rechazar su duelo, pierden el aliento. Y así, caen derrotados en esta batalla, con su frustración y su descontento; y van renunciando a sus sueños, renegando de la vida y muriéndose lento.

Pocos, muy pocos siguen el ejemplo del Jesús crístico del nuevo evangelio, para continuar altivos en el crítico momento en que los turba el miedo; para ver más allá del fatal momento, el punto en que de lo malo brotará lo bueno, donde nuestro triunfo brillará, aunque el universo conspire para vernos muertos.

Porque la luz de los decididos sigue fulgurosa al final del camino, aunque en medio de éste, todo sea oscuro, tormentoso y frío. El hombre que sigue su propio sendero, al final no pierde, cuando embravecido, toma al león por la melena y al toro por los cuernos, para derrotarlos sin caer rendido, para seguir enhiesto ante la tormenta, para mantenerse justo ante los inicuos.

Es así como el hombre se asegura la victoria en su propio camino, y se garantiza un futuro de felicidad, en el que vivirá tranquilo; en el que podrá decir satisfecho que, aunque a duras pruebas fue sometido, no perdió la fe, ni perdió los pies, que firmes lo mantienen sobre el suelo, erguido.

Mientras tanto, todos llevamos a cuestas nuestros propios tormentos, pero pocos, muy pocos encuentran la superación tras los grandes retos. Mientras tanto, todos llevamos a cuestas nuestros propios maderos, y con nuestras cruces, seguimos andando en esta Pasión y fatal derrotero.

EuK

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