Por mi raza hablará el Piporro

Los muchachos del Tec

In Monterrey on marzo 24, 2010 at 11:31 am

Los jóvenes estudiantes asesinados en el Tec duelen. Duelen precisamente por su juventud y por su brillantez, porque uno asume que cuando el buen camino es el del estudio y el trabajo, ese camino tendría que prevalecer sobre el de la delincuencia, la violencia, las armas y, sin embargo, en este caso no fue así.

La muerte de esos jóvenes también duele, porque como muchos lo han dicho ya, en cada uno de los jóvenes de hoy, particularmente en aquellos que alcanzan la opción de los estudios superiores convirtiéndose en estudiantes excelentes, reside la esperanza de un México civilizado, ordenado y progresista, un México mejor que ese día murió un poco sin ninguna razón, sin ninguna explicación.

La muerte de los mismos muchachos duele, porque recuerda la del propio fundador del ITESM, abatido también por las balas de la violencia sin razón, la violencia por capricho, la violencia por la violencia. Esas balas que cegaron la vida de Don Eugenio, cargadas de desprecio hacia México y lo mejor que hay en él, parecen regresar para refrendar al Tec un pago que no merece, esa digna casa de estudios, forjadora de mexicanos buenos, nacida de nobles intenciones.

La muerte de esos muchachos entristece, recuerda a México todos los más crudos crímenes contra su buen futuro, contra todos los estudiantes de todas las universidades, de todas las décadas, de todas las guerras; recuerda a los mexicanos que la esperanza de un México mejor no muere al último, solamente muere, muere varias veces en cada década, en manos de soldados o delincuentes, en instituciones públicas o privadas, en Tlatelolco o en Garza Sada, en los muchachos de Juárez, nuestro futuro ha muerto sin razón y nadie da la cara y nadie lo explica, porque el crimen contra nuestros estudiantes simplemente avergüenza, entristece, pero nunca ha tenido ni tendrá perdón, cuando no tiene castigo, cuando lo que le sigue es todavía más injusticia, cuando lo que sigue es la simple impunidad.

Qué triste, México, qué triste lo que nos está pasando.

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