Por mi raza hablará el Piporro

El hombre, el escribidor.

In A veces me da por escribir on febrero 28, 2008 at 10:35 pm

A las letras se dedicaba el hombre y de ahí ya no salió. A las letras dedicaría su vida, y por eso leyó, leyó y leyó.

Y de tanto que leía se olvidó hasta del amor; y de tanto que leía, toda letra se aprendió.

Luego le dio por escribirlas y en escribirlas la vista se le agotó, se le fueron cansando los ojos y hasta con lentes un día acabó.

Entonces le dio por pronunciarlas, pero de tanto pronunciarlas la misma la lengua se le trabó.

¡Ah, desdichado aquel hombre! Aprendió tanto de los libros que su cerebro se saturó. Y se quedó sin vista, quedó sin habla… Quedó sin puertas para el corazón.

Pero un día vino una muchacha que le habló del amor. El oído lo tenía vivo, también el tacto y el corazón. ¡Y adiós letras, adiós libros! Aquel buen hombre resucitó…

Las letras salieron volando, la vida misma se lo enseñó: Que no hay libro que más enseñe que el que se lee y se escribe con una historia de amor entre dos.

Al amor se dedica el hombre… Al amor, que lo revivió. Quiso escribir y no pudo, y como no pudo se enamoró.

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