
Yo vine a Monterrey a luchar por un sueño y lo cumplí. Llegué un sábado con veintitantos años, con mi coche lleno de cosas. No tenía casa, no tenía amigos, sólo tenía miedos e incertidumbres, pero también una convicción: yo quería estar aquí. Desde el estacionamiento de visitantes de la que hoy es mi oficina, en la cima de la Loma Larga, vi el valle de San Pedro, la sierra Madre, y me sentí como un águila mirando el despeñadero, al valle que pretende sobrevolar y reconocer como propio para anidar. Es cursi, es cierto, pero así me sentí y ese mismo día empecé a trabajar.
Luego tuve otros sueños, algunos trascendentales en mi vida, soñé con construir cosas y relaciones; cosas y relaciones importantes y permanentes y me dediqué también a encontrar alguien con quién compartir la plenitud que sentía y, por un tiempo, lo logré. Hoy, puedo decir que aquella plenitud puede haber venido a menos; pero, al menos, tengo alguien a quién legar algo de mí, alguien que lleva irrenunciablemente algo mío y alguien por quien la vida vale la pena. Por lo demás, me queda vida por delante y el mismo ánimo de tener a mi lado alguien a quien amar. Eso también es ganancia.
En general, puedo decir que desde que llegué a Monterrey muchos sueños se me han cumplido; mi cuenta fue por varios años sólo de ganar y, siendo francos, de un año para acá, también me ha tocado perder. Siempre he pensado que la vida es así, que se compensa, que ganas algo y algo pierdes. Y no porque quieras perderlo, sino porque alguien, o algo, o ese Algo que está por encima de todos los algos, dice que así debe ser. Al menos mi vida así ha sido siempre, la de los demás, no sé.
Este fin de semana –cinco años después de mi llegada-, empezaré el comienzo de otro sueño en otras tierras y con ello el final de los sueños de mi experiencia regia.
No me queda más que decir gracias, ofrecer una que otra disculpa o pedir uno que otro perdón. Parafraseando al Ché Guevara, diría que aquí dejo lo más puro de mis esperanzas de constructor y lo más querido entre mis seres queridos y que dejo también un pueblo que me aceptó como un hijo… Parafraseando a alguien más importante, diría que he peleado una buena pelea, que he terminado el camino y que he mantenido la fe…
Me declaro de conciencia tranquila y de ánimo satisfecho. Lo demás, sigue en manos de Dios.
¡Hasta siempre, Monterrey!
“Como cada año en el mes de octubre, la sociedad tamaulipeca sale a nuestras plazas, nuestros barrios, nuestros espacios urbanos y culturales a vivir de cerca y a regocijarse con lo más destacado de la cultura universal que se da cita en nuestra tierra para dar paso al Festival Internacional Tamaulipas. Este festival es para los tamaulipecos, una de las manifestaciones más acabadas y significativas de nuestra cultura.”
Con estas palabras, presentó el gobernador Hernández Flores la XI edición del Festival Internacional Tamaulipas. Enseguida, encontramos en el programa de eventos a Amanda Miguel y Diego Verdaguer, al payaso Raymundín, a las muñequitas Mundo de Corazones y otras finuras que -he de decirte, Eugenio-, no son lo más destacado de la cultura universal, ni tampoco -y no me atrevo a interpretarlo literalmente- lo más acabado de nuestra cultura.
¡Congruencia, señores. Congruencia! Así como no todo lo que brilla es oro, no todo lo que entretiene es cultura, ni todo lo que divierte ilustra, nutre, enaltece, dignifica.
¿O cómo la ven, nos quedamos sólo con aquello de que al pueblo, pan y circo?
¡Se vino el otoño, raza, ahí nos vemos!
Al punto de las 15:10 de ayer, el sonido de un rayo con su resplandor llamó mi atención hacia la ventana. En exacta sincronía, la grúa que construye un edificio cercano se detuvo y sonó una alarma y los albañiles empezaron a abandonar la construcción.
Enseguida empezó a caer el telón. Un telón de lluvia recia adornada con granizos que fue borrando poco a poco la vista de Monterrey.
Fue así como el verano terminó.
Tercera llamada, tercera. Se levanta el telón y el otoño llegó. Ni siquiera Vivaldi lo habría hecho mejor.
¡Aplausos, hasta mañana!

Vista de San Pedro Garza García, desde la oficina.
Quizás pronto deje mi noreste. Lo llevaré en mi corazón, sin embargo; y a mi noreste volveré cada que mi espíritu se llene de fatiga y hambre.
No sé por cuánto tiempo lo deje, sólo sé que una parte de mí, la que es fría y aspira a algo, me dice que debe ser por mucho tiempo. Otra, la que aspira solamente a ser, sugiere que vaya y vuelva y que extrañe y que recuerde y que no olvide.
Encaramada en la azotea de un edificio del centro histórico del Distrito Federal, la vida me dice “ven, quiero cumplirte un sueño”; pero me lo dice y yo hago como que la virgen me habla, aunque parece que la virgen ya también se alista para decirme “no te hagas, que a ti la que te habla es la vida”.
Poder, grandeza e historia. Eso me representa la capital de México y a ella “quizás” pronto seré arrojado impíamente por el destino; un destino que paradójicamente busqué en otros tiempos y al que un día (ya lo sé, es ingenuo creer que se puede renunciar al destino), renuncié con un simple y caprichudo “ya no es mi sueño, mejor trabajo por otras cosas”.
Poder e historia me entusiasman y me hacen amar también a esa gigantona ciudad del mundo a la que tocó ser la capital de México y a la que hasta ahora, sólo conozco de visita; pero a veces, cuando pienso en vivir ahí, su grandeza me horroriza. Me implica impersonalidad, individualidad exagerada, riesgos y actitudes defensivas a las que no estoy acostumbrado. No sé si así sea, pero es la idea que todos venden y que mis allegados no sólo venden sino que también regalan con sus recomendaciones: no te lleves el coche; cuidado en el metro; tan pronto como salgas del trabajo échate a correr y no pares hasta que estés en el lugar donde estés viviendo, aunque tal vez la carga de trabajo que te espera será tanta que ni siquiera tendrás necesidad de asomarte a la calle.
Por eso, aunque no sé si ya me voy, ya extraño a mi noreste de pueblos y ciudades pequeñas, que tiene por joya de su corona a un Monterrey que, aunque gran ciudad, sigue siendo tierna, limpia, verde y espaciosa y que, cuando cansa, te deja en libertad de volver a otros paraísos: Saltillo, Parras, Cuatro Ciénegas, McAllen, La Pesca, Weslaco, Isla del Padre, Gómez Farías o ciudad Victoria; o al más paradisiaco de todos los paraísos: Zaragoza.
Amo esta región porque es aquí donde soy libre y mi espíritu fluye, donde conozco, donde recorro, donde uno se cuida sólo lo necesario, donde está mi gente, donde estoy yo. Amo esta región y por eso, aun sin irme ya la extraño.
Pero algún día de estos he de decirle a la vida “ahí te voy”; y que sea lo que Dios quiera.

Monterrey 1909
Entre 3 mil y 5 mil personas se calcula que murieron entre 27 y 28 de agosto de 1909, en lo que hoy es la ciudad de Monterrey.
Lluvias torrenciales desbordaron por enésima vez el Santa Catarina y el cauce embravecido arrasó con parte de la ciudad del mismo nombre y las colonias Independencia y centro de Monterrey. Se dice que el cauce desbordado, abarcó hasta la zona de Gonzalitos y de ancho desde la calle Hidalgo hasta el punto donde hoy se encuentra la basílica de Guadalupe.

- La realidad y los planes para el Santa Catarina
De extremos es siempre el clima del noreste. Hoy padecemos la sequía, pero de pronto, otro fenómeno meteorológico nos traerá las inundaciones repentinas y nuestras ciudades, fundadas y crecidas a la margen de los ríos, nunca estarán completamente a salvo. Menos aún cuando no hemos acabado de aprender la lección.
Aun sin ser especialista en esos temas, se puede advertir el caso del Santa Catarina como un buen ejemplo de nuestra propia necedad. Hemos olvidado que es el único drenaje natural de una parte de la Sierra Madre y dejamos de lado que ésta, por sí misma, es capaz de contener fuertes tempestades, haciendo caer sus aguas en un solo punto en un par de días y arrojarlas -llevándose de paso cualquier obstáculo- hasta su desfogue en el valle de Santa Lucía, como ya pasó en 1909 y en 1988.
Si en aquellos años, el cauce casi limpio del río no soportó tal caudal y llegó a extenderse sobre la ciudad, ¿será posible que hoy, convertido en un cauce lineal, canalizado y diminuto, pueda manternos a salvo?
3 mil ó 5 mil muertos no son un número conservador, pero aun así, en 1988 hubo entre 100 y 200 muertos más. ¿Cuándo entonces empezaremos a aprender la lección?
Ayer, cansados del verano nos fuimos a buscar algún vestigio de otoño-invierno. Lo encontramos, obviamente al pie de la Sierra, en el acostumbrado recorrido de Laguna de Sánchez, Nuevo León, a Los Lirios, Coahuila.
Bosque de pinos, 15° Celsius, humedad y una que otra bonita postal, como las de abajo.
Nos leemos luego, raza!

Paso de Lobos - Laguna de Sánchez

Sol poniente

¡Sin albur!

¡Bonito color, eh!
“¡Balacera en Nuevo León!”, dice hoy Vanguardia online.
Pero los signos de admiración están de sobra. Una balacera más ya a nadie sorprende, así sea en Nuevo León o en el último rincón de México.
Ojalá que llueva pronto. Hasta luego.
¿Por qué, Señor, no me hiciste fotógrafo o poeta?
Si fuera fotógrafo, retrataría esta tarde que me regalas. Si fuera poeta, diría mil y un alegorías de lo que estoy viendo.
Pero no tengo el don de regalar la eternidad, ni tampoco el don de hablar con románticos simbolismos. Soy humano y mortal, escribidor simple de anécdotas y anecdotarios.
Voy por la avenida Constitución, en Monterrey. Tomo la calle de Zuazua. De pronto, tres modelos llaman mi atención. Dos son altas y esbeltas, hermosas de cara y cuerpo, como esas que salen en las revistas. La tercera tiene un plus: además de alta y esbelta, escultural, dirían los poetas, es también de piel negra.
Sigo manejando por la calle de Zuazua, tras esa distracción. Al son del danzón, bailan decenas de parejas bajo el edificio de la presidencia. Un globero, convoca a los niños cerca de la fuente de Neptuno. Algo raro hay en la tarde, que merece un poema.
Ahora vengo de regreso por la calle de Zaragoza. En el semáforo de espaldas de Palacio, me detengo y contemplo el cielo. Algo tiene la tarde que el cielo es más limpio. A mi izquierda se empieza a tornar azul nocturno. A la derecha, es amarillo vainilla. Algo tiene la tarde que es más tarde. Al fondo, veo la loma larga. Y más al fondo, la Sierra Madre. Más verde y oscura que otras tardes. Como recién llovida.
Como no soy poeta, me limito a decir “Es bonito Monterrey. Naturalmente bonito. O sea, que es bonito por naturaleza. No sé cómo explicarlo. Digamos que tiene una ubicación geográfica y natural privilegiada”
Cuando creí que todo había terminado, seguí manejando hacia Calzada del Valle. Por Río Mississipi fui caminando hasta Río Tamazunchale y luego de regreso. El viento sopla suave, oscurece cada vez más. “Es cuanto, Señor”, pienso. Subo de nuevo al coche.
Ahora voy por Morones Prieto y las sorpresas siguen. Tras del Cerro de la Silla, se asoma la luna. Llena y tímida. Presuntuosa, imponente. Luna a la que escriben los poetas y que yo disfruto como mortal simple.
Algo tiene esta tarde que es única. Quisiera, Señor, ser fotógrafo o poeta. Si fuera fotógrafo, le regalaría a esta tarde la eternidad que merece. Si fuera poeta, diría de esta tarde cosas bellas.
Pero no soy lo uno ni lo otro, Señor. Por eso sólo digo “gracias, Dios. Eres el mejor de los escenógrafos.”
Asignan 900 mdp a distribuidor vial, dice hoy la primera plana de Vanguardia.
¿Y para Torreón, cuándo?
Cantan las cigarras un horrísono canto. Las lomas flacas enseñan sus costillas. El sol golpea sin clemencia la tierra. Los sombra de los nogales, ahora es caliente. Estoy en Coahuila.
Los cerros se limitan a ser viejos, ya no enverdecen. Al pie de la sierra, un incendio consume el bosque. El bosque es de incendios, ya no de encinos. Estoy en Nuevo León.
El maíz era tardío, pero la lluvia fue más. Un torbellino de polvo cruza el camino cual coyote rabioso. El color del invierno –color de venado-, se anticipó al estío. Estoy en Tamaulipas.
Estío es verano, dicen los poetas, pero este panorama ni a verano llega. -En verano de perdida llueve. Me dijo ayer un campesino.
De pronto, llega de lo lejos el ruido de la escuela “…que llueva, que llueva, la virgen de la cueva… que sí… que no….”
Y yo cierro los ojos… y digo Amén.



